Por: Jonathan Franklin – Americas Quarterly 10 de febrero 2018 , 10:59 p.m.
El llamado robo del siglo en Paraguay comenzó en la madrugada del 24 de abril del año pasado, cuando unos 60 bandidos armados salieron de la parte trasera de un camión de carga en la oficina principal de Prosegur, una compañía de autos blindados en Ciudad del Este.

Los ladrones se dividieron en equipos de 12 hombres, con diez ‘soldados’ y dos francotiradores por escuadrón. Estas unidades aseguraron el perímetro del edificio, logrando bloquear la entrada de la policía a toda la cuadra.

Otro equipo de asaltantes instaló cañones antiaéreos para derribar cualquier helicóptero que se acercara al lugar. Luego llegaron los expertos en explosivos: cada uno con una carga de tres kilos de C4. Las bombas fueron ubicadas por fuera de la bóveda central de Prosegur, la cual supuestamente contenía 100 millones de dólares en efectivo. Cinco bombas fueron detonadas y demolieron la fachada del edificio de Prosegur, además de dañar la bóveda.

Mientras que los guardias se arrastraban desesperadamente por el piso intentando escapar, los atacantes sacaron varias bolsas llenas de billetes, se subieron a tres vehículos blindados y huyeron, cubiertos por el fuego de los francotiradores.

Testigos reportaron que una caravana de hombres enmascarados que hablaban en portugués fueron vistos por última vez en lanchas de motor en el río Paraná, con rumbo a Brasil. Su botín: 11,7 millones de dólares.

Este ataque, a lo Hollywood, fue tan solo la más reciente manifestación de uno de los retos de seguridad y política pública más complejos de América Latina. En los últimos 25 años, el Primer Comando de la Capital, o PCC, pasó de ser un grupo de presos que buscaban tener un mejor trato en las cárceles brasileñas a una mafia multinacional. Su imperio criminal incluye el tráfico de cocaína, el secuestro por rescates, robos a cajeros automáticos y asaltos a gran escala a negocios y bancos, incluyendo el ataque en Ciudad del Este.

Durante todo esto, el PCC ha alternado entre momentos de violencia extrema y años de dominio tranquilo en los que el grupo ha extendido su control sobre las prisiones brasileñas. Pero, más grave aún, ya ha comenzado a adentrarse en los penales paraguayos y bolivianos. Es decir, está en fase de expansión regional.

¿Qué hacer frente a este problema? La respuesta no es sencilla. “El PCC es una organización tan grande que si intentas eliminarla, vas a crear una cantidad enorme de violencia”, similar a lo que se ha visto en México desde el 2007, dice Graham Denyer Willis, un experto en crimen organizado que trabaja en la Universidad de Cambridge. “Miles de personas serían asesinadas”, asegura.

CON INFORMACION DEL DIARIO EL TIEMPO.COM

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