Hay vida en el Barça mientras juegue Messi en el Camp Nou.

Al Barça le vendría bien de momento que hubiera jornada de Liga cada día, organizar si no un amistoso, aunque sus directivos y ejecutivos tengan que soportar las preguntas de los periodistas, la moción de censura de Benedito y las chanzas de Neymar. El mundo del fútbol gira en contra del Barcelona y, sin embargo, el fútbol bendice a Messi y el marcador a Valverde. El técnico extremeño no parece del Barça, incluso tiene más historia con el Espanyol y, sin embargo, su discurso es una bendición para el Camp Nou. Habla suave, hace como que no está, y su voz cala como lluvia fina en un club atormentado y sin gobierno, entregado a Messi y a un plantel muy superior al Betis, al Alavés y al Espanyol.
Juega el Barça de manera intensa y solidaria, como si supiera que más le vale que le comparen con el Athletic o el Valencia que con el Madrid, con la diferencia de que tiene a Messi. La dimensión del 10 se agranda en el nuevo Barça. El argentino resolvió un derbi pacífico y también muy culer para desdicha del Espanyol. Aunque se quejaron del árbitro por dar un gol en fuera de juego de Messi, los blanquiazules compitieron más en la previa que en la cancha, nada nuevo en el Camp Nou, un estadio en el que no ganan desde que Lo Pelat metió dos goles a Víctor Valdés. A falta de autoridad nada mejor para la autoestima blaugrana que ganar al Espanyol con triplete de Messi.

Quique Sánchez Flores montó una alineación anti-Barça. Valverde dispuso una formación consecuente con su idea de que tiene un muy buen equipo y respetuosa con los galones del vestuario: Dembélé, el fichaje más caro de la historia azulgrana, calentaba banquillo junto con el también contratado Paulinho. Jugaba Deulofeu y, ausente por lesión Sergi Roberto, entró Semedo. Había que tocar rápido y bien, ser muy dinámicos, para vencer al muro del Espanyol: tres mediocentros de pierna fuerte mezclaban en la medular con un delantero que tiene buena salida (Piatti).

A los blanquiazules les costó coger su sitio en la cancha porque los azulgrana cargaron sorprendentemente el juego por la banda derecha, con Semedo, Deulofeu y Messi, para acabar el fútbol por la izquierda con las entradas de Iniesta y un soberbio Jordi Alba. La circulación del balón era elevada, Deulofeu encaraba a Aarón y profundizaban bien Busquets e Iniesta. No había manera, sin embargo, de armar un buen tiro en el área del centrado Pau López. Apretaba con ritmo el Barça y se defendía bien el Espanyol.

El ataque azulgrana es por ahora menos caudaloso sin Neymar y a la espera de Dembélé. A veces parece que ha disminuido la sensación de peligro y cuesta más rematar hasta que aparece Messi. El rosarino recibió en fuera de juego un pase filtrado de Rakitic y marcó un golazo después de un recorte y un golpeo tan espectaculares que ningún blanquiazul reclamó a Gil Manzano (1-0). Un gol de 10 al que poco después se sumó un segundo de 9. Al galope, se estiró el Barça en una contra conducida por Messi y Alba y mal defendida por el Espanyol porque la bola quedó suelta para el lateral y a su centro forzado le puso la punta de la bota Messi como si fuera Luis Suárez (2-0). El tercero llegó después de que Suárez pifiara tres disparos de gol y el 10 terminara su actuación con un chut cruzado (3-0).

El oportunismo y la contundencia de Messi premiaron el esforzado y académico juego del Barça. El Espanyol fue más espectador que protagonista, y también menos efectivo, sobre todo cuando Piatti remató al palo y Piqué y Umtiti evitaron que enfocaran a Ter Stegen.

A favor de marcador, los barcelonistas se liberaron y Valverde pudo satisfacer a la hinchada con los estrenos de Dembélé y Paulinho. Messi mantuvo en pie: caminaba, miraba y jugaba, más gigante que nunca, silencioso ante el ruido de la entidad, admirado por un estadio en el que se notó tanto la carga nacionalista con vistas a la Diada y al 1-O como el mal momento del presidente Bartomeu, reprendido al grito de dimisión por una parte del Camp Nou.

Messi, mientras, felicitaba a Dembélé, que centró fenomenalmente para que por fin marcara Suárez en una acción de vértigo: 5-0, el dígito mágico del Camp Nou. El cuarto lo metió Piqué en un córner para darle más picante al derbi y rotundidad a los cuatro puntos de ventaja que le saca el Barcelona al Madrid. Messi puede de momento con todo y Valverde se apaña fenomenalmente con su Barça.

CON INOFRMACION DEL DIARIO EL PAIS.COM

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