Tan añorado fue Cristiano como Morata, y el Madrid gripó con el Levante como ya lo hiciera con el Valencia. Si entonces, en la segunda jornada, Benzema no tuvo tino, ante los granotas tampoco lo tuvo Bale. Para colmo, antes del intermedio, se lesionó el delantero francés con lo que el Madrid finiquitó el choque con Sergio Ramos como diana en el área visitante. A los de Zidane no les faltó empeño, tampoco aplicación. Y hasta tuvieron ratos de buen juego. Pero sin CR y el actual delantero del Chelsea, se quedó corto ante el gol. Con los dientes apretados resistió un meritorio Levante, que dejó al Madrid como estaba hace justo un año, con dos empates consecutivos en los inicios de la Liga. El curso de la temporada medirá con mayor exactitud el desgarro que pueda suponer el vuelo de Morata —autor de 15 goles en la pasada Liga—.

El pulso arrancó con matices. De entrada, el interruptor del fútbol de selecciones y una hora más propia del aperitivo. Además, con siete partidos a la vista para el Real Madrid en los próximos 22 días, Zidane tiró de armario, con chicos como Marcos Llorente y Theo al frente. Una alineación circunstancial que tardó algo en cuajar. Sobre todo, la ruleta de cambios entre Theo y Marcelo por la orilla izquierda y la ubicación del sobrino nieto de Gento al costado derecho de Kroos. Mientras se ajustaba el Madrid, aprovechó el Levante para competir airoso, con la zaga muy adelantada y todos con mucho brío en cada asalto. Por suerte, en el fútbol español a nadie le falta descaro en la puesta de escena. Ni siquiera a un recién ascendido como el cuadro de Muñiz.

Emparejado el duelo, con el juego muy dividido, el Levante cazó un gol de forma inopinada. No por ser el Levante, sino porque la jugada llegó de un saque directo de fuera de banda de Iván López. El balón peinó a todos los madridistas e Ivi hizo un control tan heterodoxo que despistó a Carvajal, al que la pelota hizo una moña burlona. Ivi resolvió con ojo ante Kiko Casilla.

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El azote al Madrid hizo virar el partido. Los blancos poco a poco mitigaron el empuje valenciano. La primera vía, la de Carvajal, remero ofensivo permanente al que Lucas Vázquez, con gran aplicación táctica, despejaba el horizonte con sus diagonales hacia el área. Y en las ocasiones en las que Lucas operó como extremo-extremo tuvo trascendencia. Como en un centro al área enrevesado que Raúl Fernández, portero del Levante, detuvo con el cuerpo muy dentro de la portería. La clásica jugada, no tantas otras, que requiere con urgencia del microscopio del VAR. Una acción inviable para la vista humana.

Cuando ya menguaba el Levante, que perdió rápido a Iván López por lesión, también se lastimó Benzema, relevado por Bale. Ni el galés ni Pedro López, sustituto levantinista, habían calentado. Arcanos del fútbol, donde cuesta entender que los jugadores estén en alerta sentados a la sombra. La lesión de Benzema, sumada a la ausencia de Cristiano y la aparente irrelevancia de Borja Mayoral, anticipó un examen a este Madrid sin un Morata como aguador de los arietes titulares. Tiempo de “nueve” postizo también para el Madrid. En esta ocasión el papel recayó en Bale, que cerró el primer acto sin embocar las dos mejores oportunidades, un cabezazo desviado por un par de palmos y un mano a mano perdido con Raúl Fernández.

Antes de las dos primeras huellas de Bale, el Madrid ya había logrado marchitar al conjunto valenciano, cada minuto más encapotado. Cada instante más sufridor de Carvajal-Lucas y Theo-Marcelo, ya bien enhebrados. A su vez, Llorente, de puntillas, liberó cada vez más a Kroos. El hijo de Paco Llorente, prometedor medio centro, no se soltó del todo y optó por la sencillez. Un chico en progresión que tiene más como jugador bisagra, tanto para el quite como para la ingeniería del juego.

Abrochado el Levante, el Madrid exprimió uno de sus mejores guiones: el balón detenido. Kroos, que tiene botas con bisturí, lanzó un córner, Sergio Ramos llegó a la carga sobre Campaña y su cabezazo lo frenó Raúl con la rodilla izquierda, como pudo. Lucas, con la escoba, barrió la pelota a la red.

Por más que al Levante le costara un mundo oxigenarse con la pelota, su tesón le mantuvo tan vivo en el encuentro como angustiado se fue viendo el Madrid. Theo, lanzado, iba a golpe de corneta por su carril, Asensio peritaba bien sus intervenciones y Zidane envidó con Isco en detrimento de Llorente. Se perfiló un Madrid con más suministro que remates, chato ante el gol. Una situación que, en algunas fases, hizo precipitarse a los locales. Bale tampoco acertó en otras dos jugadas aéreas y una deliciosa asistencia de taco del galés a Asensio, que articula la zurda con una celeridad pasmosa, derivó en otra estupenda parada de Raúl, sostén fundamental de los de Muñiz. Y cuando las jugadas no precisaron del portero visitante, Lerma y los centrales supieron cómo taponar a los madridistas.

Advertida la falta de picante, en el tramo final Sergio Ramos adoptó la posición de delantero centro. El Madrid necesitaba de la tromba de su capitán. En realidad, la de todos. Como la de Marcelo, protagonista de la penúltima acción con chicha del mediodía. Su disparo de nuevo encumbró a Raúl. Quizá frustrado, el lateral brasileño pateó a Lerma desde el suelo y fue expulsado. De la traca final se encargó Kroos, con un derechazo enroscado al poste izquierdo de la puerta del Levante. Ahí se quedó un Madrid sin puntería y menos cañonazos que de costumbre. Un puntito para los campeones y un puntazo para los granotas. En la retina blanca tanto Cristiano como Morata.
CON INFORMACION DEL DIARIO EL PAIS.COM

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