Un Real Madrid con mucho gancho fundió al Atlético en el primer asalto de la semifinal de la Champions y ya tiene a un dedo el último reto de Cardiff. Esta vez no hubo suspense. Los madridistas, superiores de principio a fin en todo, atropellaron a su adversario, tan derrotado con el balón y sin él como en los asaltos cuerpo a cuerpo. Desde el primer parpadeo, al Atlético se le vino encima Chamartín y fue fulminado por un Real Madrid arrollador en muchos tramos y con Cristiano a la corneta. Un chasco monumental para el cuadro de Simeone, en su derbi más borroso en tiempos del cholismo. Al menos por el cuajo de la cita. El Atlético de Madrid nada tuvo que ver con ese rival que en esta época llevó a su vecino tantas veces al borde del colapso. En esta ocasión, los rojiblancos acabaron en los huesos, rendidos ante un contrario pujante, estilista y redondo.

Por el Bernabéu madrugó un Real Madrid explosivo, fluido, con ritmo, con un indiscutible timbre de autoridad. Un equipo mancomunado y decidido ante el que el Atlético, forzado por su adversario y por su propia querencia, se enchironó demasiado en la madriguera de Oblak. Tan reculados estaban los muchachos de Simeone que sobre su área caía un chaparrón tras otro. Tan empotrados estaban los rojiblancos que si acertaban con el despeje la pelota siempre iba a pies blancos. No había reclutas visitantes al rebote, todos en el refugio. Como no existía un futbolista del Atlético que detectara a Isco, liberado por todo el sector medio, móvil por aquí y por allá, siempre fuera del radar del convoy de Simeone. Despuntaba Isco, equilibraban el juego Modric y Kroos. Casemiro sostenía el ancla, Benzema flotaba a los zagueros del Cholo y Cristiano agitaba y agitaba. Y, como es sabido, no con fogueo: ocho goles en sus tres últimos retos en la Copa de Europa. Descomunal, extraordinario.

A la carga
El Real Madrid se fue a la carga con todo. Ya fuera con emboscadas sobre el zurdo Lucas, ortopédico lateral derecho por las bajas, como con el peritaje de Carvajal por el otro costado. Pese al acuartelamiento de los colchoneros, Isco y Carvajal trenzaron una pared dentro del área que casi emboca Benzema tras un rechace. Un primer aviso de los muchos que recibió el Atlético. En media hora, con una posesión del 70%, el Madrid ejecutó 10 remates. Algunos estupendos, como una chilena de Benzema. Otros muy exigentes para Oblak, como una peinada de Varane. Y uno de lo más eficaz: el cabezazo goleador de Cristiano tras un tiro que pareció pifiado de Casemiro. El gol llegó cuando más invadido estaba el perímetro de Oblak, sobre el que se sucedían los centros. En el inmediatamente anterior al tanto de Cristiano, el portugués estaba en fuera de juego, lo que no decretó ningún juez al no haber intervenido el luso en la jugada de forma directa.

La marcha inicial la puso el Real Madrid, con el Atlético a rebufo, sin que afloraran algunas de sus virtudes. Por ejemplo, el quite. Ni en estos tiempos de glorias ha sido nunca un equipo perfilado para maniobrar con la pelota cosida. Lo suyo es el tajo, el birle y la carrera. Acosado por un Madrid tan fraternal, en el que esta vez nadie remoloneó, a los jugadores del Atlético de Madrid les resultó ulceroso dar carrete al juego.

Tan imprecisos como desactivados sus centrocampistas, Griezmann se quedó sin hilo. Y en un conjunto en el que priman los laterales, tampoco hubo auxilio de Lucas, que bastante tuvo con remendar su banda en defensa. Con todo, pese a su aire chato y la chispa del Real Madrid, el Atlético casi encuentra alivio con una asistencia geométrica de Koke a Gameiro, al que Keylor Navas rebañó el balón en un mano a mano victorioso para el costarricense. También Godín flirteó con el gol en una falta de laboratorio lanzada por Griezmann. Dos oportunidades episódicas en un periodo, el primero, aliñado como quiso el Real Madrid. Los de Zidane cerraron su buen primer acto con el sobresalto de la lesión de Carvajal, lastimado en un salto con Saúl. Nacho, chico para todo, cogió el relevo con la solvencia que acostumbra.

Tras el descanso se articuló algo mejor el Atlético, ya con una armadura un poco más reconocible. De entrada, el Madrid interpretó el segundo tramo de otra manera. Más contenido en algunas fases, gestionó su ventaja a la espera de algún otro zarpazo hasta que lanzó el vendaval final.

Arriba los laterales
Por mucho que los del Manzanares tuvieran mayor flujo, el Atlético no terminó por ser el Atlético, ni con la pelota ni sin ella. No dio con el blindaje necesario. Errático en los pases y sin plomo en las áreas. Apenas tuvo a la vista a Keylor y le faltó el cuajo que le distingue en la periferia de Oblak. Como muestra el segundo tanto de Cristiano. Benzema, de espaldas a la portería, le ganó un asalto a un jabato como Godín, que no es un monaguillo precisamente. Luego, Filipe se pasó de rosca. Lo mismo que el citado Godín en el tercer bingo del portugués. Lucas Vázquez le dejó en la cuneta y asistió a CR. Con Lucas y Asensio, el Real Madrid encontró un segundo aire que nunca le llegó al Atlético, ni antes ni después de la salida de Torres, Correa y Gaitán. Con los cambios, que originaron otra aclamación de la hinchada para Isco, el Madrid volvió a ser una manada.

Como reflejo a su versallesco y redondo partido, en la última jugada del choque casi logra sellar un cuarto gol con una jugada lanzada por Nacho y a punto de ser certificada por Marcelo. Los dos laterales estaban colonizando el área visitante. Prueba de la voracidad de este Real Madrid cuando se desata y todos, del primero al último, los del A y los del B, se conjuran como mosqueteros. Todos a una y Cristiano Ronaldo para todos. Demasiado para un Atlético al que esta vez el Madrid jamás dejó ser el Atlético fetén.
CON IFORMACION DEL DIARIO EL PAIS.COM

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