Caracas amaneció este martes con las vías obstaculizadas, horas después de que el régimen de Nicolás Maduro convocara a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una Constitución a la medida de su gobierno. El proceso implica la elección de unos 500 representantes de la comunidad, a través del voto popular, para conformar un cuerpo legislativo que se encargará de redactar o modificar la Carta Magna. La iniciativa presidencial fue calificada por los líderes de la oposición como un nuevo “golpe de estado” y una estrategia para demorar las elecciones presidenciales que están previstas según la Constitución para 2018.

Los bloqueos convocados por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) culminaron a media mañana, aunque hasta el mediodía era muy difícil movilizarse en algunas urbanizaciones porque sus calles estaban bloqueadas con alcantarillas. En la tarde la agenda de protestas seguirá con la reunión plenaria de la Asamblea Nacional, también dominada por la oposición. El gesto tiene el valor simbólico del desafío al intento chavista de refundar la República.

Los manifestantes bloquearon con vehículos y barricadas desde la madrugada los afluentes de la autopista Francisco Fajardo, la principal de la capital venezolana. En respuesta la policía antidisturbios arrojó gases lacrimógenos. Esta vez cerraron no solo en los bastiones tradicionales de la oposición, al Este y noreste de la capital de Venezuela, sino en sectores populares como 5 de julio de Petare, la inmensa barriada del este de la capital venezolana que antes de 2015 era fiel al liderazgo de la autodenominada revolución bolivariana.

En el oeste de la ciudad, salvo en la urbanización El Paraíso, los venezolanos salieron a trabajar sin encontrar mayores obstáculos en el camino. El Gobierno y sus grupos paramilitares, conocidos como colectivos, mantienen en las barriadas de Catia y el 23 de enero un fuerte control social que ayuda en el propósito de demostrar que la decisión tomada por el presidente Maduro no ha generado el rechazo entre sus electores y ministros. De hecho, ha sido un gesto muy significativo el respaldo del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, a la propuesta. “No hay algo más democrático que convocar al poder constituyente”, afirmó el martes en un acto celebrado en la guarnición más importante del país.

La nueva apuesta del chavismo para atajar la crisis apenas comenzaba a ser digerida en la mañana del martes en medio de una creciente confusión. Maduro ha planteado en principio un gran congreso de Soviets sin participación de partidos políticos. Serían unos 500 delegados electos mediante voto directo y secreto. La mitad de esos aspirantes serían seleccionados entre los grupos de base del chavismo. Pero no está claro si de esas deliberaciones saldría una nueva Constitución o si propondrían una reforma que incluya a esos sectores en la actual Carta Magna. El propósito del chavismo parece más bien la recuperación de la iniciativa política que perdieron cuando el Tribunal Supremo de Justicia usurpó a finales de marzo las funciones del Parlamento mediante dos sentencias.

Las explicaciones que han dado los integrantes de la comisión presidencial encargada de llevar a cabo la solicitud de Maduro tampoco aclaran el panorama. En una entrevista con la televisión del Estado, el coordinador del grupo, Elías Jaua, ha dicho que la Constituyente es una una forma de conjurar la crisis, que desde hace un mes ha dejado 29 fallecidos y una gran crispación en todo el país, y de garantizar que cuando haya comicios los resultados sean respetados por la oposición. “En 2018 tiene que haber elecciones presidenciales”, afirmó. Otro de los integrantes del grupo asesor, el gobernador del estado de Carabobo Francisco Ameliach, incluso ha dejado entrever la posibilidad de que la oposición tenga garantías para participar en el proceso. En dos trinos de su cuenta Twitter resumió su visión. “Todos los sectores del país tendrán representación en ese foro porque sus miembros serán electos mediante el sufragio universal, directo y secreto”.

Ambas declaraciones lucen como una invitación para que la Mesa de la Unidad Democrática, la coalición opositora, participe en la Constituyente. Pero ninguno de sus voceros parece dispuesto a pagar el costo político de oxigenar al régimen aceptando su propuesta. El excandidato presidencial Henrique Capriles llamó a los venezolanos “a desconocer esa locura” que planteó el Presidente. El diputado Julio Borges, presidente del Parlamento, ha dicho que el gobierno “busca consolidar el golpe” y llamó a los venezolanos “a rebelarse contra la Constituyente comunal”.

Las críticas en el chavismo son apenas un murmullo entre el gran escándalo que ha hecho la oposición. De momento la más destacada es la de diputado chavista Eustoquio Contreras porque podría representar una fisura de la bancada chavista del Parlamento. “¿Vamos a tener dos constituciones chavistas? ¿Vamos a sustituir una por otra?”, se preguntó en una entrevista con la cadena local Unión Radio. La declaración representa quizás como pocas la incertidumbre en el futuro de Venezuela.
CON INFORMACION DEL DIARIO EL PAIS.COM

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